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lunes, 25 de octubre de 2010

THE LOVELY BONES

Los hobbies son sanos; te enseñan cosas.
Como que hay que terminar lo que se empieza, que no se deja hasta que queda bien y que si no lo consigues pues lo vuelves a empezar y lo intentas las veces que haga falta.
Esa es la clave.
En eso consiste.

Me sentía volando.
Esa era la sensación.
La vida e abandonaba.
Pero no tenía miedo.
Entonces recordé que tenía algo por hacer; que había un lugar donde debía estar.

Había un cielo inmenso más allá de todo lo que conocíamos donde no hay maizales ni recuerdos ni tumbas.
Pero yo no tenía la vista puesta allí aún.
Seguía mirando atrás.
No puedes volver.
Se acabó.
Tienes que olvidarte de la tierra; estás muerta, tienes que irte.
Tengo que ir a casa.

Pero había algo que ese asesino no entendía; no entendía lo mucho que un padre podía querer a sus hijos.

Mi asesino se recreo con mi asesinato mucho tiempo.
Se alimentaba de ese recuerdo una y otra vez.
Era el mal sin rostro, infinito.
Pero aquella sensación volvía, el vacío le consumía y la necesidad crecía en él de nuevo.

Y allí estaba, el momento que yo nunca viviría.

Pero empezó a preguntarse si había llegado la hora de dejar atrás ese recuerdo. Que tal vez era el momento de dejarme marchar.


Cuando estaba viva no odié nunca a nadie en cambio ahora odio es lo único que me quedaba.
Le quiero frío y muerto, sin sangre en las venas.
Mira lo que ha hecho conmigo.
Mira, ¿qué soy ahora?
Soy nada.

Fui una estúpida. Fui una estúpida.

No le perteneces; puedes liberarte de él pero no así.

¿Y tú qué sabes?
Tú no sabes nada.
Ese hombre me quitó la vida.
Ya verás Suzy como al final lo entenderás.
Todo el mundo muere.

Era su hija y él mi padre y me había querido tanto como supo y tenía que dejarle marchar.

Esos eran los queridos huesos que habían crecido en mi ausencia.
Las conexiones, a veces tenues, y a veces hechas con grandes sacrificios.
Pero a menudo magníficas.
Que habían nacido después de mi desaparición.
Y empecé a ver las cosas de una manera que permitía abrazar al mundo sin estar en él.
Nadie sabe cuándo nos vamos; me refiero al momento en que decidimos irnos realmente; como mucho sientes un susurro, la ola de un susurro ondulándose hacia abajo.

Fue un instante y luego desparecí.

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