YO...

Mi foto
Un blog muy personal... espero que lo disfrutéis tanto como yo... Gracias por vuestro tiempo!!!

martes, 13 de julio de 2010

HANDKE, P.: Desgracia impeorable

En estos momentos lo peor sería la compasión de alguien, una mirada o incluso una palabra. Uno desvía la vista de inmediato o ataja las palabras del otro; por que uno necesita la sensación de que lo que está viviendo en aquel preciso momento es algo incomprensible e incomunicable: sólo de es te modo siente uno que el terror tiene sentido y es real.

Los momentos de miedo, cuando se dan, son siempre muy breves; más que momentos de miedo son momentos de irrealidad.

La propiedad era LIBERTAD CONVERTIDA EN ALGO CONCRETO.

Lluvia dentro; los sentimientos de las mujeres eran algo que dependía mucho del tiempo, porque las más de las veces el fuera sólo podía ser el patio, y el dentro exclusivamente la casa, sin una habitación propia.

Vaga infelicidad.

"Comer se comerá siempre".

"¡Ya no me puede pasar nada!".

Ella siempre había querido estar orgullosa de algo; como ahora todo lo que uno hacía era de un modo u otro importante, ella estaba realmente orgullosa, no de algo concreto, sino orgullosa en general, como actitud y como expresión de haber conseguido al fin un sentimiento de vida; y a este vago orgullo no quería renunciar.

Esta época ayudó a mi madre a salir de sí misma y a hacerse independiente.

"Asfixiándose a la orilla de un río".

Pero ya no había otro: la vida le había educado para un amor que debía quedr fijado en un objeto no intercambiable, no sustituible.

Se volvió susceptible y lo disimulaba con una dignidad forzada y medrosa, bajo la cual, la más mínima ofensa, asomaba en seguida un rostro en el que se reflejaba la indefensión y el pánico. Era muy fácil humillarla.

La gente vivía según esta doctrina de los tipos; en ella se encontraba uno agradablemente convertido en objeto, y de esta manera nadie padecía ya por causa de sí mismo.

En cada frase que escribo tengo miedo de perder el equilibrio.

Esta historia tiene que ver realmente con lo que no tiene nombre, con segundos de espanto para los que no hay lenguaje.

Momentos en los que la extrema necesidad de comunicación coincide con la extrema falta de lenguaje.

Fetiches del anhelo de morir que tenía cada uno, un anhelo que dulcificaba las penalidades de cada día, uno se derretía ante estos fetiches de consuelo.

Uno ya no sabía mirar. La curiosidad no era ninguna característica personal sino un vicio de las mujeres o de los hombres afeminados.

Mediante la limpieza los pobres eran aptos para la vida en sociedad.

El esfuerzo diario por poner buena cara, una cara que de este modo se iba convirtiendo poco a poco en un rostro sin alma.

Hoy era ayer; ayer era como siempre.

Le hubiera gustado morirse y acabar así con todo, pero le daba miedo morirse.

"Ya no soy un ser humano".

Al igual que en un zoo, lo que allí había era el abandono del animal hecho carne.

El simple hecho de existir se convirtió en una tortura.

Pero al mismo tiempo tenía horror a la muerte.

No sólo sabía lo que hacía, sino que además sabía por qué ya no podía hacer otra cosa.

Tal vez hay formas nuevas, insospechadas, de desesperación que no conocemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario